viernes, 11 de abril de 2008

LA UNIDAD QUE REQUERIMOS

Por M. Guerra

Si el neoliberalismo se ha impuesto sin mayores problemas en el país se debe, entre otras cosas, a que no ha encontrado una resistencia articulada por parte de los sectores populares. El derrumbe de Izquierda Unida en los 80, el violentismo de Sendero Luminoso, el colapso de la ex Unión Soviética y sus satélites, todo ello fue hábilmente aprovechado por el imperialismo y la derecha para desatar una ofensiva sin precedentes en el terreno de las ideas e imponer sus valores sustentados en el individualismo extremo. La fragmentación social y política resultante fue el terreno donde se impuso a rajatabla el capitalismo salvaje.


No es que durante este periodo no se luchara, pero se luchó a la defensiva, de manera dispersa, en condiciones de debilidad, sin una estrategia que colocara como eje la conquista de espacios de gobierno y poder, necesarios para llevar adelante una propuesta de desarrollo alternativa al neoliberalismo. Tanto durante el fujimorato como en el toledismo los sectores populares protagonizaron importantes medidas de lucha, Sin embargo las masas populares que sufrieron las consecuencias del neoliberalismo y mostraron su rechazo y aspiración al cambio, no tuvieron claridad respecto a las opciones políticas que representaban una salida, lo que significó una ventaja a la derecha que aprovechó para llevar adelante su proyecto continuista.


El segundo gobierno de García es también fruto de esta situación, aunque en circunstancias bastante diferentes. Su victoria se logró en medio del pánico de la derecha frente al ascenso de la candidatura de Ollanta Humala, quien había logrado canalizar las aspiraciones al cambio de vastos sectores de la población. El cierrafilas derechista alrededor del candidato aprista, la sucia campaña mediática contra el representante del nacionalismo, el fraude al que tuvieron que recurrir, no representaron sino recursos desesperados frente a la posibilidad real que pudieran ser desplazados del gobierno. Sin embargo es justo señalar que el manejo derechista fue facilitado también por las dificultades que atravesaba la oposición popular que no logró articular una propuesta unitaria con la solidez suficiente para conquistar una victoria decisiva.


Las jornadas de julio y noviembre del año pasado tuvieron la virtud de permitir una confluencia de los movimientos sociales y las organizaciones políticas que se inscriben en el cambio. En este proceso se organizó la Coordinadora Política y Social, espacio que después de muchos años integra a las organizaciones populares más representativas junto a los partidos y movimientos políticos que representan a las opciones de izquierda, democráticas y nacionalistas. La Coordinadora representa una conquista de suma importancia que hay que cuidar, ampliar y perfeccionar. Se ha avanzado en aprobar una propuesta programática y plataforma de lucha y en la participación unitaria en diversos escenarios de acción de masas y lucha política. La Coordinadora se viene construyendo en diversas bases y regiones, lo cual, junto al uso de métodos democráticos en su seno representa una garantía para su consolidación y conjurar el burocratismo.


La unidad lograda en la Coordinadora es un paso adelante, pero aun insuficiente en la tarea de lograr la gran unidad de nuestro pueblo para derrotar al neoliberalismo y realizar los cambios que el país reclama. En este sentido debemos concebir a la Coordinadora como el motor de una unidad mayor que debe plasmarse en la constitución de las asambleas de los pueblos del Perú. Las asambleas de los pueblos deben organizarse en todos los rincones del país, incorporando a las organizaciones gremiales y sindicales, a los frentes regionales, colegios profesionales, organizaciones de mujeres y juveniles, movimientos ecologistas, poblaciones étnicas, organizaciones políticas, personalidades e intelectuales, etc. La organización de las asambleas de los pueblos solo será efectiva si se pone en marcha la participación democrática de la población, su protagonismo en la toma de decisiones. Debe construirse de abajo hacia arriba, cerrándole el paso a la manipulación, al cuoteo, a la componenda en las alturas, métodos nefastos que tanto daño han hecho a las organizaciones populares


El reto consiste en construir la unidad que no se agote en la coyuntura, ni en las necesidades particulares. Hay que proyectar esta unidad hacia el futuro, consolidarla con la claridad y voluntad de llevar adelante las grandes transformaciones alternativas a las que implementan las clases dominantes.

lunes, 7 de abril de 2008

OCTAVO MANDAMIENTO: MENTIRÁS

Por: Eduardo Galeano

Una mentira
Hasta hace un rato nomás, los grandes medios nos regalaban, cada día, cifras alegres sobre la lucha internacional contra la pobreza. La pobreza se estaba batiendo en retirada, aunque los pobres, mal informados, no se enteraban de la buena noticia. Los burócratas mejor pagados del planeta están confesando, ahora, que los mal informados eran ellos.

El Banco Mundial ha dado a conocer la actualización de su International Comparison Program. En el trabajo participaron, junto al Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, las Naciones Unidas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y otras instituciones filantrópicas.

Ahí los expertos corrigen algunos errorcitos de los informes anteriores.

Entre otras cosas, nos enteramos ahora de que los pobres más pobres del mundo, los llamados “indigentes”, suman quinientos millones más que los que aparecían en las estadísticas.

Además, nos desayunamos de que los países pobres son bastante más pobres de lo que los numeritos decían, y que su desgracia ha empeorado mientras el Banco Mundial les vendía la píldora de la felicidad del mercado libre.

Y por si todo eso fuera poco, resulta que la desigualdad universal entre pobres y ricos había sido mal medida, y en escala planetaria el abismo es todavía más hondo que el de Brasil, país injusto si los hay.

Otra mentira
Al mismo tiempo, un ex vicepresidente del Banco Mundial, Joseph Stiglitz, en un trabajo conjunto con Linda Bilmes, investigó los costos de la guerra de Irak.

El presidente George W. Bush había anunciado que la guerra podría costar, como mucho, 50 mil millones de dólares, lo que a primera vista no parecía demasiado caro tratándose de la conquista de un país tan rico en petróleo. Eran números redondos, o más bien cuadrados. La carnicería de Irak lleva más de cinco años, y en este período los Estados Unidos han gastado un millón de millones de dólares matando civiles inocentes. Desde las nubes, las bombas matan sin saber a quién. Bajo la mortaja de humo, los muertos mueren sin saber por qué. Aquella cifra de Bush alcanza para financiar apenas un trimestre de crímenes y discursos. La cifra mentía, al servicio de esta guerra, nacida de una mentira, que mintiendo sigue.

Y otra mentira másCuando ya todo el mundo sabía que en Irak no había más armas de destrucción masiva que las que usaban sus invasores, la guerra continuó, aunque había olvidado sus pretextos.

Entonces, el 14 de diciembre del año 2005, los periodistas preguntaron cuántos iraquíes habían muerto en los dos primeros años de guerra.

Y el presidente Bush habló del tema por primera vez. Contestó:

–Unos treinta mil, más o menos.

Y a continuación hizo un chiste, confirmando su siempre oportuno sentido del humor, y los periodistas se rieron.

Al año siguiente, reiteró la cifra.

No aclaró que los treinta mil se referían a los civiles iraquíes cuya muerte había aparecido en los diarios. La cifra real era mucho mayor, como él bien sabía, porque la mayoría de las muertes no se publica, y bien sabía también que entre las víctimas había muchos viejos y niños.

Esa fue la única información proporcionada por el gobierno de los Estados Unidos sobre la práctica del tiro al blanco contra los civiles iraquíes. El país invasor sólo lleva la cuenta, detallada, de sus soldados caídos. Los demás son enemigos, o daños colaterales, que no merecen ser contados. Y, en todo caso, contar los resultaría peligroso: esa montaña de cadáveres podría causar mala impresión.

Y una verdad

Bush vivía sus primeros tiempos en la presidencia cuando el 27 de julio del año 2001 preguntó a sus compatriotas:

–¿Pueden ustedes imaginar un país que no fuera capaz de cultivar alimentos suficientes para alimentar a su población? Sería una nación expuesta a presiones internacionales. Sería una nación vulnerable. Y por eso, cuando hablamos de la agricultura americana, en realidad hablamos de una cuestión de seguridad nacional.

Esa vez, el presidente no mintió. El estaba defendiendo los fabulosos subsidios que protegen el campo de su país. “Agricultura americana” significaba, y significa nada más que “Agricultura de los Estados Unidos”.

Sin embargo, es México, otro país americano, el que mejor ilustra sus acertados conceptos. Desde que firmó el tratado de libre comercio con Estados Unidos, México no cultiva alimentos suficientes para las necesidades de su población, es una nación expuesta a presiones internacionales y es una nación vulnerable, cuya seguridad nacional corre grave peligro:

- actualmente, México compra a los Estados Unidos 10 mil millones de dólares de alimentos que podría producir;

- los subsidios proteccionistas hacen imposible la competencia;

- al paso que vamos, de aquí a poco las tortillas mexicanas seguirán siguen siendo mexicanas por las bocas que las comen, pero no por el maíz que las hace, importado, subsidiado y transgénico;

- el tratado había prometido prosperidad comercial, pero la carne humana, campesinos arruinados que emigran, es el principal producto mexicano de exportación.

Hay países que saben defenderse. Son pocos. Por eso son ricos. Hay otros países entrenados para trabajar por su propia perdición. Son casi todos los demás

COLOMBIA UN CONFLICTO DE NUNCA ACABAR ¿POR QUÉ?

Por Segundo Mendoza Díaz

De manera interesada y mayoritariamente la prensa colombiana distorsiona la realidad, respecto al conflicto armado, convirtiéndose en vocera del régimen uribista que representa a la derecha más recalcitrante y a los intereses del imperialismo norteamericano. En eso, se parece mucho al gobierno aprista, no olvidemos lo dicho por Alan García, a raíz del paro agrario (donde fueron asesinados hermanos campesinos) – “…que no tiemble la mano a ningún policía (para usar su arma), porque lo respalda la ley, la constitución y sobre todo el presidente de la república”. Por lo mencionado, preocuparnos por Colombia es conocer e interesarnos por la verdad. La Juventud Comunista del Perú Patria Roja (JotaCé), difundirá, a partir de la fecha, una serie de artículos que informarán y analizarán esta difícil situación que afecta a la mayoría de hermanos colombianos.


El problema colombiano es histórico y político y éste tiene que ver con la lucha por la democratización real, la reforma agraria y la búsqueda de un país más justo. Se remonta a muchos años atrás; pero es a partir de 1948, con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, que cobra mayor ferocidad. Cada pico de violencia ha tenido como contexto y detonante la implementación de políticas que recortaban derechos de los trabajadores e incrementaban el entreguismo del país a los dictados de las potencias capitalistas, principalmente, norteamericana. Así ocurrió, con la imposición, a sangre y fuego, de un conjunto de políticas neoliberales a inicios de los 90, con el nombre de apertura económica.


Para entender el conflicto conozcamos algunos de los principales hechos de violencia sistemática ejercida, por el estado colombiano: 1948, asesinato de Jorge E. Gaitán; 1963, suspensión de licencia al semanario “Voz Proletaria”; 1964, gigantesca operación militar, denominada “Marquetalia”, con el objetivo de recuperar, para el estado, una remota región ubicada entre el sur del Tolima y el norte del Huila, conocida con el nombre de Marquetalia y acabar con un núcleo de “Autodefensa Campesina” dirigida por “Manuel Marulanda Vélez”, el ejército ocupó la zona pero no pudo liquidarlos, entre otras cosas porque recibió solidaridad de la población y de personalidades mundiales como Jean Paul Sartre, el grupo de autodefensa es proscrito y obligado a la clandestinidad, así nacen las mundialmente conocidas Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC); mediados de 1970, fueron asesinados varios líderes de la Unión Nacional de Oposición (UNO) y del Frente Democrático; 1978, fueron dinamitadas las oficinas del semanario “Voz”, asesinato del periodista Manuel Cepeda Vargas; 1984, primeras desapariciones forzadas contra la Unión Patriótica (UP), organización democrática y progresista legal surgida en 1980 como una convergencia de fuerzas políticas, a raíz del proceso de negociación, entre el gobierno de Belisario Betancur y el Estado Mayor de las FARC, el nacimiento de ésta organización fue el mejor esfuerzo político que se haya hecho hasta hoy para dar solución al conflicto armado; 1985, la “Operación Cóndor”, auspiciada por el gobierno yanqui y que se extendió a lo largo de América Latina, y en 1986 el “Baile del Rojo”, el plan más espantoso que se haya visto en la historia de Colombia que literalmente exterminó a la dirigencia de la UP; 1987 Y 1990, asesinato de los candidatos presidenciales de la UP Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa respectivamente; 1994, un equipo mixto del ejército y los paramilitares asesinan al último parlamentario de la UP, Manuel Cepeda Vargas. Según versión de los sobrevivientes de la UP, el número de muertos pasó de 5000.


Pero la cadena de crímenes en Colombia, cometidos contra organizaciones progresistas, no es cosa del pasado, continúan con Uribe y con mayor saña e hipocresía, aprovechando que la sociedad colombiana ha sido bombardeada con las mentiras de la prensa oficial. Según la Corporación Reiniciar y la Comisión Colombiana de Juristas, durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez han sido asesinados 136 miembros de la UP y del Partido Comunista Colombiano, otros 38 han sido desaparecido y 28 más sobrevivieron a atentados personales, además de miles de campesinos y estudiantes y desplazados. En este contexto nada garantiza que no se repita el exterminio que se hizo contra la Unión patriótica.


Un factor de agravamiento del conflicto es la intromisión norteamericana, que con el pretexto de combatir al narcotráfico han asentado bases militares en el vecino país para reforzar su pretensión de convertir en una verdadera colonia yanqui a toda Latinoamérica. El narcotráfico es un problema; pero, el gobierno no tiene la menor intención de combatirlo porque es la fuente de financiamiento de los paramilitares y de un gran sector de la derecha colombiana, tanto es así que existen investigaciones periodísticas serias que involucran a Álvaro Uribe con el otrora capo de la droga, Pablo Escobar. Estas condiciones y los antecedentes mencionados impiden el fin de la violencia política.


Queda demostrado, entonces, que el conflicto colombiano es un problema político por ende la salida tiene que ser de este carácter y sin la ingerencia yanqui, como proponen distintos gobiernos y personalidades del mundo y también la “Comisión de los notables” quienes contemplan como primera medida, el intercambio humanitario bilateral y recíproco. El conflicto no se solucionará dando una casa, un empleo, etc. a los guerrilleros que se reincorporen a la vida “democrática”, ni con la fuerza militar sino, y principalmente, con las urgentes transformaciones sociales y económicas en favor de las grandes mayorías explotadas y excluidas, así como tener la voluntad política para reconocer que la guerrilla es una fuerza beligerante y no un grupo de delincuentes como afirma, el guerrerista y proyanqui, Álvaro Uribe.


Las organizaciones y personalidades democráticas y revolucionarias, de cualquier parte del planeta, que apreciamos la vida y la paz con justicia social, estamos en la obligación de realizar una campaña activa de solidaridad para apoyar la salida política negociada a este conflicto que ha costado ya muchas vidas, fundamentalmente por la intransigencia de la derecha colombiana. Reconocemos el papel que está jugando el presidente Hugo Chávez, en la atención a un problema humano.


Desde la Juventud Comunista del Perú (JotaCé) nuestro aprecio militante a los camaradas del Partido Comunista Colombiano y de la Juventud Comunista (JUCO), y a todas las organizaciones y personas que luchan por una Colombia en paz, pero justa y soberana. ¡No queremos y no nos da la gana, ser una colonia norteamericana! ¡Si queremos y si nos da la gana América Latina libre y soberana!

“ROMA LOCUTA, CAUSA FINITA” (ROMA HA HABLADO, EL ASUNTO ESTÁ TERMINADO)

Por Rolando Breña Pantoja

Parece que a su Eminencia, el Cardenal Cipriani, nuestro caluroso verano le ha alucinado como moderno profeta y boca de Roma, perpetrando una tremenda filípica (sin las dotes de Demóstenes) contra el marxismo. Utilizando un púlpito de Semana Santa, en lugar de predicar paz y buena convivencia, se dedicó a lanzar diatribas al marxismo con ínfulas de palabra final. Veamos algunas de sus ocurrencias:

“El marxismo ha hecho mucho daño a la humanidad y ha fracasado...”. Cipriani debería ahondar en la historia del cristianismo en sus distintas corrientes y sabrá (sabe) el inconmensurable daño que las jerarquías clericales han hecho al desarrollo de la humanidad y la dignidad de las personas. Deberá recordar con “examen de conciencia y dolor de corazón” lo que hicieron con Vesalio, Copérnico, Bufón, Galileo, Vanini, Bruno, Servet, y tantos perseguidos, encarcelados, torturados, quemados. Recordar su complicidad con la esclavitud de la raza negra, con las concepciones de inferioridad de los nativos americanos; el homicidio institucionalizado de la “Inquisición”; las guerras religiosas y el reparto del mundo y la humanidad por el Papado; su participación y complicidad con modernos genocidas y dictadores como Hitler, Franco, Pinochet o Fujimori (de quien el Cardenal fue una especie de brazo espiritual). No olvidará los obispos y curas pedófilos que salen a luz; la persecución de sacerdotes que pretenden llevar la religión a los pueblos, como el emblemático y admirable Gustavo Gutiérrez.

¿El marxismo ha fracasado? Quizá Monseñor tenga alguna razón. Pero no en el sentido que el marxismo haya fracasado, sino los marxistas, que aún no hemos podido concretar el sueño de construir un mundo más justo y solidario, habiendo sufrido importantes derrotas. Pero seguimos en el camino, golpeados, disminuidos, pero siempre optimistas. Pensamos en Mariátegui que evoca a Sorel, al recordar que los socialistas siempre se levantan después de cada caída, que no tienen aún la respuesta, pero saben que la encontrarán. “Esa utopía que nos vendió el marxismo”. – El marxismo no vende ni se vende. Es una ideología que pretende interpretar el mundo y transformarlo en beneficio de la humanidad y la naturaleza. La Iglesia sí vende y compra. Todo tiene precio: Bautismo, Confirmación, Misas. Hasta lotizó el cielo a través de la venta de “indulgencias”, tan groseramente que produjo su cisma más importante con Lutero. – El Cardenal... “envió un saludo de fortaleza a todas las familias peruanas que atraviesan momentos difíciles...”. Qué fácil es “pedir fortaleza” desde la comodidad y el lujo, teniendo el estómago asegurado con deliciosos manjares, morando en inmuebles confortabilísimos, vistiendo finas telas, desplazándose en autos de lujo, bañado en delicadas colonias.

SERVÍ A MI PATRIA

Por: Manuel Guerra

Con esta frase que gritaba a los cuatro vientos mientras era conducido por la policía después de su captura, Jesús Sosa Saavedra pretendía justificar las muchas muertes y torturas que cometió durante su desempeño como ejecutor en el contexto de la guerra sucia que las fuerzas armadas, con el aval de los gobiernos de turno, implementaron en el país desde 1980 para combatir a la subversión.


Es la misma frase que han esgrimido Martin Rivas y los otros integrantes del Grupo Colina, los altos jefes militares y policiales involucrados en esta vorágine sangrienta donde la violación de los derechos humanos se convirtió en política de Estado, en procedimiento que dictaban los manuales de la “guerra clandestina”, en la aplicación de la doctrina contrainsurgente aprendida en la Escuela de las Américas, institución creada por el imperio norteamericano para estos fines, donde se graduaron más de 60,000 militares y policías de toda América Latina.

El periodista Ricardo Uceda en su libro Muerte en el Pentagonito recoge los resultados de una minuciosa investigación sobre la guerra sucia que se aplicó en el país entre 1982 y 1993 y da cuenta de manera cruda y objetiva cómo se procedía a los secuestros, a las torturas, a las ejecuciones a sangre fría, a los procedimientos macabros para desaparecer los cadáveres; actividades que fueron realizadas por grupos que operaban dentro de las estructuras de los servicios de inteligencia, y que no constituyeron hechos aislados, sino que fueron resultado de un plan sistemático que contaba con el soporte económico y logístico de las fuerzas armadas, con el conocimiento de sus mandos y con la impunidad que les garantizaba el poder político de turno. Porque esta guerra sucia que se ensañó sobre todo con los pobladores campesinos atravesó el segundo gobierno de Belaunde, el primer gobierno de Alan García y el régimen fujimorista, todos ellos comprometidos con crímenes de lesa humanidad.

Alberto Fujimori premió con asensos a los miembros del Grupo Colina y los felicitó por sus “servicios” prestados a la patria. Cuando sus fechorías se conocieron y el repudio ciudadano se hizo unánime, no quedó más remedio que hacer la pantomima de un juicio y condena en los tribunales militares para luego amnistiarlos y dejarlos en libertad, hecho que motivó la intervención de la Corte de San José que ordenó que fueran procesados nuevamente. Jesús Sosa es el último de los miembros del Grupo Colina en ser capturado, y como ya lo han hecho sus compinches repite el libreto de yo solo serví a mi país, soy un soldado que cumplía órdenes.
El reo Fujimori, procesado, entre otras cosas, por haber conocido y avalado las actividades del Grupo Colina, entre cuyos crímenes se encuentran la matanza de Barrios Altos y los crímenes de la Cantuta, siempre alardeó de ser el artífice de la derrota infringida a los grupos subversivos. Hay un denominador común en la línea de argumentación de Martin Rivas y Alberto Fujimori, ambos pretenden convencernos que sus actos sirvieron al país, que sin ellos el terrorismo no hubiera sido derrotado, que los muertos constituyeron el costo que había que pagar para salvar al país y a la democracia. Claro que ya en el banquillo de los acusados se cuidan mucho de asumir responsabilidad en los crímenes por los que podrían purgar largas condenas en la cárcel.
Jesús Sosa, alias kerosene, ha dicho también que Fujimori es inocente, que no sabía nada de lo que ellos hacían. Lo dice en medio del mega juicio que se le sigue al ex dictador y cuando abundan pruebas y testimonios que confirman lo contrario. César Nakasaki, abogado de Fujimori, ha advertido que el testimonio de Vladimiro Montesinos abonará asimismo en exculpar a su defendido. La complicidad, las negociaciones, el contubernio, el espíritu de cuerpo entre los criminales: con ello cuenta Nakasaki para desbaratar a la parte acusadora.

A esta gavilla de delincuentes hay aún sectores de la derecha que los consideran héroes que prestaron invalorables servicios a la patria y que ven como una tremenda injusticia que sean juzgados por sus delitos. Es la misma derecha que justifica el autogolpe del 5 de abril 1992 y que glorifica a su engendro más preciado: la espuria Constitución de 1993, instrumento necesario para legalizar el autoritarismo y la aplicación del modelo neoliberal en curso.

domingo, 30 de marzo de 2008

SE DESBOCA EL MACARTISMO

Por Manuel Guerra

Una cosa lleva a la otra. El neoliberalismo necesita del autoritarismo, y el autoritarismo de un ablandamiento psicológico de masas, de un elemento que justifique sus medidas represivas, de cortinas de humo que distraigan a la población de los problemas reales que la aquejan.
Las mentes brillantes de los servicios de inteligencia trabajan en ello diariamente, fabrican con acucioso empeño sus productos que se convierten en el libreto de los voceros gubernamentales y sus aliados; que son asumidos con entusiasmo por los líderes empresariales; distribuidos masivamente por los grandes medios de comunicación; repetidos por los jefes policiales; sustentados por los sesudos analistas políticos; convertidos en parodia por sus bufones en los programas cómicos, y hasta invocados en los sermones de la catedral.

En la actualidad la guerra santa de la derecha ha enfilado sus baterías contra un demonio que se llama Hugo Chávez. Sus delitos: predicar el socialismo, abogar por cambios profundos en América Latina, practicar la solidaridad entre los pueblos, tener la osadía de cuestionar al sacrosanto imperio norteamericano. Por supuesto que en al amasijo psicosocial de la derecha no le faltan los consabidos ingredientes de uso obligatorio en estos casos: el narcoterrorismo y las FARC.
De pronto la derecha se viste de patriotismo y anuncia que no tolerará injerencia extranjera en nuestro territorio. Levantando estas banderas se detiene a militantes izquierdistas por asistir a un congreso bolivariano, se acusa a las casas del ALBA de recibir dinero venezolano para financiar las protestas populares, se ataca a Ollanta Humala con el mismo argumento, se pide la revocatoria de Hernán Fuentes, Presidente de la Región Puno, acusado nada más ni nada menos de separatista instrumentado por Chávez.
De este modo las protestas populares ya no estarían motivadas por el descontento frente al fracaso del modelo, por la indignación que provoca el entreguismo de nuestros recursos, por el alza del costo de vida, por la corrupción e ineficacia de los organismos del Estado o por la pérdida de los derechos laborales, sino que serían obra y gracia del chavismo y sus cómplices internos.
Como en los tiempos de la guerra sucia -donde la gente que nada tenía que ver con el senderismo era perseguida bajo la cobertura de apología al terrorismo, y tener un libro de Mariátegui o literatura marxista era considerado un delito, por lo cual uno podía ser sometido a tortura, ir preso y hasta acabar con sus huesos en el fondo de una fosa común-, hoy en día resucita con fuerza el más primitivo macartismo con el objetivo de amedrentar y colocar a la defensiva al movimiento social y justificar la represión que se ha puesto en marcha para allanar el camino a la profundización del modelo neoliberal.

El solo hecho de tener una opinión diferente al catecismo neoliberal en boga es motivo de excomunión. Cual perros cancerberos, los reporteros van tras de su presa, lo acorralan y conminan: Diga usted si las FARC son terroristas. Y si el entrevistado tiene la desgracia de responder que son fuerzas beligerantes, entonces lo agarran a feroces dentelladas por haber quedado demostrada su complicidad con los rebeldes colombianos.
En un programa dominical los reporteros que viajaron hasta Puno para “entrevistar” al Presidente Regional, aullaron de alegría, porque en el local de la radio donde éste emite sus programas encontraron las pruebas de sus vínculos con el chavismo, el terrorismo y la ultraizquierda: allí funcionaba la Casa de la Amistad Peruano Venezolana (prueba uno); en sus paredes estaba pegado un afiche conmemorativo del Partido Comunista Peruano y el Partido Comunista del Perú – Patria Roja (prueba dos); había además otro afiche de un movimiento indígena boliviano (prueba tres); en la mesa, un folleto firmado por Antauro Humala (prueba cuatro); finalmente las propias declaraciones de Fuentes que declaró su admiración por Hugo Chávez y consideró a las FARC como fuerzas beligerantes. A confesión de parte, relevo de pruebas, se dijeron. Cual aplicados alumnos que resuelven un problema de geometría y colocan en la pizarra LQQD (lo que queríamos demostrar), así estos jornaleros de la infamia cumplieron con su labor de “desenmascarar” al Presidente Regional, colocarlo contra la opinión pública y exponerlo a las represalias del gobierno.

Tal es la forma como opera la derecha, y conforme aumente su descrédito mayor será su prepotencia y el uso de elementos coercitivos. El macartismo no es más que un síntoma de su debilidad. Cual fiera acorralada, mayor su agresividad. Su careta democrática es solo eso: una careta cada vez más incómoda.
Igual que su supuesto patriotismo, porque ¿puede alguien tomarse en serio su afirmación de luchar contra la injerencia extranjera cuando lo dice la derecha más apátrida, la que permite el saqueo de nuestros recursos por las transnacionales, la que se aviene a la presencia de bases militares en nuestro territorio, la que calla en siete idiomas cuando el imperio norteamericano invade a otros países y masacra a sus poblaciones? ¿Acaso el modelo que defienden no fue diseñado por las grandes potencias para su propio beneficio?

La lucha de ideas, la lucha de masas, la acción política, la férrea unidad del pueblo peruano. Estas son nuestras armas para derrotar la ofensiva derechista y abrir un nuevo curso para el país.

miércoles, 26 de marzo de 2008

PLANTÓN POR LA LIBERTAD DE LOS 7 DETENIDOS EN TUMBES

Medio centenar de activistas de la Coordinadora Político y Social, y un grupo de familiares realizaron un plantón en los exteriores del Primer juzgado supraprovincial de Lima para exigir la libertad de los 7 detenidos en Aguas Verdes tras participar en el Congreso de la Coordinadora Continental Bolivariana en Quito.

Los asistentes exigieron la inmediata liberación de los activistas ya que no existe ninguna prueba que los vincule con actividades sediciosas contra las cumbres a realizarse en los próximos meses en nuestro país. El plantón se realizó el martes 25 de marzo a las 2 de la tarde en las afueras del Primer Juzgado Supraprovincial de Lima en la avenida Uruguay, en el cercado de Lima.
Los presentes se solidarizaron con los detenidos: Roque González La Rosa, Damaris Danitza Velasco Huiza, Armida Esperanza Valladares Jara, Melissa Rocío Patiño Hinostroza, Guadalupe Alejandrina Hilario Rivas, María Socorro Gabriel Segura y Carmen Mercedes Asparrent Rivero.

Los familiares presentes denunciaron el maltrato que sufren los detenidos, y la falta de pruebas que los vinculen a planes terroristas.

Por su parte Ernesto Tapia, de la Juventud Comunista del Perú- Patria Roja, denunció una escalada en la política represiva del gobierno aprista, que acusa a sus opositores de terroristas y reprime a las personas por sus ideas. Asismismo se hicieron presentes activistas de la Juventud el Partido Socialista, el Partido Nacionalista, de la CGTP juvenil y la FEP.


domingo, 16 de marzo de 2008

XII SEMINARIO LOS PARTIDOS Y UNA NUEVA SOCIEDAD

MOVIMIENTOS SOCIALES Y PODER POPULAR EN LA EXPERIENCIA PERUANA
Alberto Moreno Rojas,Secretario General del Partido Comunista del Perú - Patria Roja



Los acontecimientos políticos en América Latina adquieren una velocidad y profundidad difícil de prever apenas una década atrás. Las experiencias de Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador, México, Uruguay, Nicaragua, en su complejidad, avances, estancamientos o incluso retrocesos que pudieran darse, muestran una región altamente tensionada en lucha por el cambio social y por la independencia y soberanía de las naciones, confrontada con el imperialismo norteamericano, con las burguesías dominantes y entreguistas de cada país, con el neoliberalismo.
En el Perú, luego de un proceso electoral polarizado entre las opciones de cambio o continuismo, se ha instalado un gobierno de orientación socialdemócrata pero que lleva a cabo un programa de derecha y un estilo de gobierno que viene del fujimorismo, cuya estrategia puede resumirse como: profundizar el neoliberalismo en todos sus componentes, alianza estratégica con el imperialismo norteamericano en el exterior y con la derecha política y empresarial, en el interior, asegurar la estabilidad y el orden que necesita recurriendo a métodos cada vez más autoritarios, y, al mismo tiempo bloquear e impedir la construcción de una alternativa de cambios económicos y sociales con vistas a las elecciones del 2011.
Esta contradicción central, que polariza políticamente al Perú, se puede sintetizar como cambio o continuismo neoliberal, que hay que demarcar con precisión e impedir su distorsión por una derecha empeñada en generar su propia oposición.
Maniobra que ya está en marcha con iniciativas que se originan en palacio de gobierno y sus instrumentos mediáticos. De cómo se resuelva esta cuestión dependerá el tejido de alianzas que se construya, la plataforma alternativa que se asuma, el adversario contra el cual se enfile el golpe principal, la posibilidad real de acceder al gobierno si se cuenta con una gran unidad política y social para el gran cambio que la sociedad demanda.
Para ello no es ni será suficiente una mayoría electoral que dé origen a un gobierno popular, incluso con mayoría parlamentaria. Será indispensable contar con un pueblo organizado comprometido con el proceso, pues la lucha de clases se agudizará y la confrontación con el imperialismo y sus representantes títeres se tornará más ardua y compleja.
Dadas estas condiciones, el movimiento social de avanzada, entendido en su diversidad y riqueza, debe estar necesariamente asociado al Poder popular, pues sin las masas populares organizadas, movilizadas y concienciadas, protagonistas de ese proceso histórico, los cambios fundamentales a los que hay que avanzar serán simplemente imposibles.
Un gobierno de cambios de verdad, sobre todo económicos y sociales, encontrará inevitablemente una resistencia desesperada y articulada de la derecha y el imperialismo. Y aún antes de acceder al gobierno, tratarán de impedirlo por todos los medios, incluidos la división, el macartismo ideológico, la represión o el fraude.
UNA EXPERIENCIA QUE NO ES NUEVA EN PERÚ
Luego del auge revolucionario de los años 60s y 70s se abrió paso, a fines de los 80s, un período de estancamiento del movimiento social y político y de derrota ideológica, que el imperialismo y sus epígonos de la región creyeron permanente o por lo menos duradera. Los hechos, sin embargo, han seguido un camino distinto y hoy nos encontramos no sólo frente a retos enormes sino también a posibilidades extraordinarias a favor de la causa revolucionaria.
El tema de los movimientos sociales, su ubicación estratégica y su aproximación a la cuestión del poder popular adquieren, nuevamente, un lugar fundamental como hecho práctico y como exigencia teórica. Por lo menos este es el caso del Perú.
En la experiencia peruana no es un caso nuevo, sino más bien de cierta antigüedad. Fue planteada con fuerza inusitada en la década de los 70s y parte de los 8os del siglo pasado, en una fase precisamente ascensional del movimiento revolucionario de masas y de crisis del Estado burgués. El reflujo de masas que le siguió, la ofensiva neoliberal, errores propios, la violencia senderista y su hábil utilización por la derecha y sus mentores de Washington; en suma, las derrotas de la izquierda y el movimiento popular de ese período histórico, opacaron la presencia de la democracia directa y los embriones de poder popular que se fueron construyendo, hasta el punto de que muchos que participaron o apoyaron o vieron con simpatía esta experiencia, sobre todo en la intelectualidad, la consideraron agotada confundiendo lo circunstancial con lo sustantivo.
La historia no tiene un curso rectilíneo. Tanto más la lucha revolucionaria y la acción de las masas. Lo importante es percibir la tendencia histórica, las contradicciones fundamentales que abarcan a la sociedad en su conjunto, más que lo transitorio o parcial. Lo nuevo nunca nace depurado del todo ni se instala fácilmente, sino a través de la lucha, de marchas y contramarchas.
Es importante anotar que la izquierda política adquirió en Perú, entre finales de los 70s y la primera mitad de los 80s, una enorme presencia, más importante aún si a ella se suma su influencia en el movimiento sindical, campesino, juvenil, de la mujer y la intelectualidad; en suma, en el pueblo peruano en general. Gran parte de esto, consecuencia de la acumulación de muchos años, se desvaneció en la década de los 90s con una facilidad difícil de expresar. Si su expresión política fue su aglutinamiento en Izquierda Unida, su expresión social fueron los sindicatos, los frente de defensa que florecieron sobre todo en el interior del país, las formas de autodefensa de masas que se construyeron en las áreas rurales, y las asambleas populares como expresión embrionaria de una experiencia de poder basada en las masas organizadas y en lucha.
El problema del Poder, que se creía alcanzable solamente al hacerse del poder estatal, encuentra en estas experiencias, sobre todo en las Asambleas Populares, surgidas generalmente por iniciativa de las masas populares como respuesta a situaciones concretas, expresiones embrionarias, manifestaciones concretas de una nueva forma de organización democrática y estatal, desbordando los marcos de la institucionalidad oficial establecida, de cuyos alcances y posibilidades no siempre tienen conciencia clara sus gestores. De allí el riesgo de que puedan debilitarse o esfumarse en la misma medida en que cede el flujo de sus luchas y no encuentre la vanguardia política capaz de darle proyección y continuidad. El problema del Poder y de sus implicancias estratégicas es a la vez un problema teórico y práctico. De allí la importancia del entronque entre la teoría, la política revolucionarias y la iniciativa histórica de las masas. Son éstas quienes crean, en medio del torbellino de sus luchas, con iniciativa, formas de organización nuevas, experiencias que luego necesitan sintetizarse, hacerse teoría, que es tarea de la vanguardia política, para luego volver nuevamente a las masas ya elaborada, depurada, tornarse conciencia y nueva práctica ya enriquecida.
Esta relación dialéctica entre movimiento espontáneo y consciencia, entre la práctica de las masas, su generalizació n teórica y nuevamente la acción práctica revolucionaria, elevada en su contenido, es la que puede permitir vencer el círculo vicioso en el que, por lo general, se mueven los revolucionarios: por un lado, el culto por el movimiento o lucha de masas que se agota en si misma, en el espontaneismo que criticó duramente Lenin en su conocido libro ¿Qué Hacer?; o en el reformismo político que se agota en el parlamentarismo, en el acceso a esferas parciales o secundarias del poder y su dinámica, sin posibilidad de trascenderla, de construir una alternativa visible y accesible para las masas populares, para quienes el Estado y el Poder en general siempre será una abstracción. El Poder concreto debe olerlo, sentirlo, y ello es posible en su acción revolucionaria, en su experiencia directa. Cuando los frentes de defensa, como en el caso de la ciudad de Pucallpa, tomaron el control de la ciudad durante días, y garantizaron el orden y su marcha normal, intuyeron el valor de su fuerza, de su unidad, de su capacidad de autodecisión, de la disciplina y el orden conciente. ¿Qué faltó? Entender que ese poder local alcanzado, aún en su transitoriedad y sus limitaciones, debía extenderse al ámbito nacional, a la conquista de los resortes reales del Poder estatal, es decir elevarse a la acción política y la organización política, en lugar de quedarse en el movimiento. Pero esto es ya tarea de los partidos políticos organizados con ese fin.
La incapacidad para entender la democracia directa, sus potencialidades y posibilidades, impidió que el flujo de masas revolucionario de los 70s y principios de los 80s, pese a contar con expresiones concretas y valiosas surgidas en medio de la lucha de clases y nacional en esos años, pudiera convertirse en una alternativa en oposición al viejo Estado burocrático, centralista y neocolonial, que ejercitara a las masas populares en acción en la tarea de gobernar, capacitándolas para construir una nueva forma de democracia partiendo precisamente de esas formas embrionarias del nuevo Poder popular surgido desde abajo.
MOVIMIENTO SOCIAL Y PODER POPULAR EN EL PERU DE HOY
El concepto movimiento social es muy amplio e impreciso. Es verdad que los conceptos clase y nación no son lo suficientemente abarcadores para incluir los nuevos sujetos sociales ni los nuevos temas que se incorporan a la agenda política. Por ejemplo los de género y diversidad sexual o el tema medioambiental. Ocurre otro tanto con el concepto pueblo, cuyas fronteras no son iguales en todos los países, sociedades y etapas históricas. De allí la importancia de abordarlos de manera concreta en cada situación histórica concreta.
En la experiencia peruana, las distintas expresiones de la democracia directa tuvieron una base social precisa: los obreros a través de sus organizaciones sindicales, los campesinos, la intelectualidad, la juventud, la mujer, en cierto modo también las etnias en la medida que se fueron incorporando, los pequeños empresarios y comerciantes.
La autodefensa campesina surgió fundamentalmente en el Norte del país como respuesta al vacío de Poder y a la inseguridad ciudadana. Una de ellas, las Rondas Campesinas democráticas y autónomas, para enfrentar al abigeato que infestaba las zonas rurales. Frente a la ausencia del Estado o la insolvencia y corrupción del poder judicial para garantizar justicia, optaron por organizarse, controlar los caminos y hacerse justicia por ellos mismos y por sus propios medios, construyendo su propia legalidad y autoridad. Surgió así una forma de poder local con capacidad real de decisión, con democracia participativa entre sus integrantes, con normas propias rigurosamente asumidas, que se extendió a provincias enteras. Frente a las amenazas y sanciones del Poder central para impedirlas, la respuesta fue: 'con leyes o sin ellas las rondas continúan'. ¿En qué se apoyaban? En la fuerza del número, la organización, la disciplina, la autonomía en sus decisiones.
Los Frentes de Defensa (ahora llevan diversos nombres pero una común manera de organizarse) , por lo general de alcance regional, constituyeron la más elevada forma de frente único popular, a partir de reivindicaciones concretas, con la participación de todos los sectores organizados de la población, incluyendo los partidos de izquierda. Tienen como base las organizaciones naturales: sindicatos, comités de barrios, organizaciones juveniles, comerciantes, etc. En los momentos más agudos de la confrontación con el poder central lograron asumir el control de ciudades importantes. En ese lapso ejercieron el poder real con el respaldo de las masas alzadas a la lucha.
La Asamblea Popular fue la coronación de esta experiencia, pues aparecieron como expresiones más claras de poder, de un poder si bien es cierto embrionario con claros atributos de una nueva forma de organización democrática. Si no avanzaron más fue consecuencia de la incapacidad de la izquierda para advertir sus potencialidades revolucionarias, atrapada muchas veces por tradiciones economicistas y espontaneistas, y por el reflujo que se inicia en el segundo quinquenio de los 80s.
La relación movimiento social y poder popular no es lineal. La posibilidad de configuración de éste último, aún en sus formas embrionarias, depende de la profundidad y extensión de las luchas populares, de los vacíos o fisuras que presenta el Estado y sus instituciones, de la capacidad para vencer tradiciones que restringen el accionar de las masas a sus formas de organización y lucha conocidos, y de una fuerza de vanguardia asentada en ellas capaz de aprovechar su iniciativa histórica y señalarles un derrotero. El movimiento espontáneo tiene virtudes, también límites. Solamente su relación con la política y con el grado de conciencia de los cambios que hay que producir, permitirá aprovechar sus potencialidades y alzarse hasta convertirse en una alternativa real de poder, no sólo local o embrionario, sino nacional.
Esa potencialidad revolucionaria es de la mayor importancia, reconociendo las singularidades de cada país o situación histórica. En el caso de Perú, ésta es una perspectiva de primera importancia. Perderla de vista entusiasmado por los resultados electorales, en la creencia de que es suficiente para contener la contraofensiva de la derecha y el imperialismo y para llevar a cabo los grandes cambios económicos y sociales, puede resultar un error estratégico fatal.
UNA OPORTUNIDAD HISTORICA
En las nuevas condiciones políticas de flujo creciente de la lucha de masas después de casi dos décadas de estancamiento, de polarización política entre cambio o continuismo neoliberal, de resistencia a la desnacionalizació n de la economía en la que están comprometidos los gobiernos que vienen de Fujimori en adelante, incluyendo el de García, adquiere un significado especial el resurgimiento de estas formas de organización y lucha populares.
Nos encontramos ante la posibilidad real de alcanzar, en las elecciones del 2011, un gobierno de orientación popular, nacionalista y de izquierda. En 2006 se mostró plenamente esta tendencia. El gobierno de coalición derechista con García a la cabeza tiene menos de 30 por ciento de simpatía ciudadana. Crece el descontento y crece también el sentimiento de cambios en el rumbo económico, de modo que el crecimiento de estos años alcance al pueblo en lugar de concentrar la riqueza en beneficio de las transnacionales.
Conciente de esta realidad la derecha se ha reagrupado en un bloque unificado para sostener el modelo neoliberal y profundizar su aplicación. En segundo lugar para impedir la instalación de un gobierno de cambios para el Perú. Cuenta a su favor con la enorme dispersión del bloque popular, sobre el cual presiona para profundizar su división.
La única respuesta posible es la unidad más amplia, política, social, cultural, y la configuración de un bloque alternativo popular y nacional. Por eso es justa la consigna: ¡Gran unidad para un gran cambio! que corresponde al sentimiento de un amplio sector de la población peruana. Esta es la tarea estratégica a resolver en este período, y en ella cabe como un eje fundamental, el movimiento social.
Lima, 12 de marzo de 2008.

jueves, 13 de marzo de 2008